Se celebró este lunes una nueva edición de los Premios COMUNAS en el Congreso de la Nación. Referentes de la política, del sindicalismo, sociales y culturales fueron reconocidos por su compromiso con la sociedad argentina en 2024, el acontecimiento conto con la conducción de Edgardo Miller.
En un momento significativo de la velada, se realizó un minuto de silencio en homenaje al diputado (MC) Héctor Recalde, recientemente fallecido. Este gesto de respeto marcó el tono del encuentro, subrayando el respeto hacia el abogado laboralista que fue guía y dio génesis a numerosas leyes dictadas en el Congreso Nacional.
La ceremonia no solo destacó por la entrega de reconocimientos, sino también por la amplia concurrencia y el ambiente de camaradería entre los asistentes, reflejando el compromiso colectivo con el reconocimiento de logros destacados en diversas áreas.
Hay ceremonias que terminan cuando se apagan las luces. Y hay otras que recién comienzan cuando los aplausos se extinguen. La entrega de los Premios Comunas al Compromiso Ciudadano dejó precisamente esa sensación: la de haber asistido a algo más profundo que una simple ceremonia de reconocimientos. Porque, detrás de cada agradecimiento, detrás de cada historia personal y de cada trayectoria premiada, apareció un hilo invisible que unió todas las voces: la preocupación por el futuro de la Argentina.
¿Qué fue lo que atravesó a los galardonados? ¿Qué emoción común habitó discursos tan distintos? La respuesta parecía flotar en el aire del auditorio del Senado de la Nación: la necesidad de defender una patria que muchos sienten herida, fragmentada y necesitada de reencontrarse consigo misma.
No fue casualidad que el trofeo entregado a los laureados, tuviera la forma de un relieve de la Argentina. No era solamente una pieza de reconocimiento; era un mensaje. Era la Patria convertida en símbolo, reposando entre las manos de hombres y mujeres de distintas procedencias políticas, sindicales, culturales y sociales.
Una Argentina que muchos de los presentes sienten hoy amenazada por la fragmentación, la pérdida de soberanía o el avance de intereses que pretenden ponerle precio a todo. Por eso, aquel mapa transparente, parecía decir algo más profundo, y es , que hay valores, recursos, derechos y sueños colectivos que no se venden, que no se rematan y que no admiten cotización de mercado. Porque hay una Nación que sigue siendo, para muchos, mucho más que una cuenta de resultados.
Y quizás en esto resida el mayor valor de la jornada de premiación que, como tantos años organizan los directores del proyecto COMUNAS Gabriel Russo y Claudia Bustamante, y apoyan un equipo de periodistas en total sintonía ideológica y espíritu de cooperación. Como es habitual la conducción estuvo a cargo del periodista Edgardo Miller.-
La diversidad política de los homenajeados enriqueció el agasajo. Como una paleta de colores donde cada tono conserva su identidad sin renunciar al cuadro colectivo. Había dirigentes políticos, sindicalistas, artistas, comunicadores y referentes sociales provenientes de espacios diversos. Sin embargo, durante varias horas, se produjo un a escucha respetuosa, un reconocimiento mutuo y una cordialidad cada vez más escasa en la vida pública argentina.
Uno de los momentos más conmovedores llegó de la voz de Néstor Fabián. El histórico cantor de tangos, con sus 83 años y unos registros vocales, que parecen haber hecho un pacto con el tiempo-. Fabián decidió agradecer de la manera más auténtica: cantando.
Sin música de fondo, sin artificios, sin más acompañamiento que su propio talento, entonó a capella «El Día que Me Quieras». Y ocurrió algo mágico: Las lámparas del auditorio parecieron temblar al compás de una voz impecable que conservó intacta la emoción de las grandes noches del tango. El público, primero sorprendido y luego rendido ante semejante demostración de arte, terminó acompañándolo. Durante unos minutos desaparecieron los cargos, las ideologías y los protocolos. Sólo quedó una canción y un sentimiento compartido.
Pero la gala también tuvo espacio para los mensajes políticos y sociales.
El intendente Fernando Gray, de Esteban Echeverría, expuso una gestión basada en números concretos y decisiones sociales. Recordó que su municipio mantiene las tasas gratuitas para quienes invierten y generan actividad económica, y anunció una medida de fuerte impacto para los sectores más vulnerables: desde febrero, los mayores de 75 años que perciban hasta dos jubilaciones y posean una única propiedad quedarán exentos de todas las tasas municipales.
Sin embargo, quizás el dato más revelador no estuvo en las cifras sino en una imagen. La de un jefe comunal que, cada miércoles, se acerca a la Plaza del Congreso para acompañar a jubilados y jubiladas que sobreviven con haberes que apenas alcanzan los 400 mil pesos. Con frío, con lluvia o con viento, allí están ellos. Y allí está él. Una postal que buscó resumir una convicción: que la política debe permanecer cerca de quienes más la necesitan.
Otro de los discursos que despertó atención fue el del senador Fernando Rejal, quien reivindicó la defensa de la soberanía nacional y recordó acontecimientos que marcaron profundamente a su provincia y dieron origen a la Ley de Tierras. Con tono enfático advirtió que “cuando la patria está en peligro no existe neutralidad posible”.
«Por eso hemos defendido con tanta vehemencia nuestro territorio», sostuvo, antes de alertar sobre los riesgos de resignar herramientas fundamentales para preservar los intereses nacionales.
Desde el movimiento obrero también llegaron definiciones contundentes. El dirigente del gremio del vidrio, Horacio Valdez, evocó la tradición transformadora del peronismo y enlazó esa historia con la situación actual de los jubilados. «Esa lucha es una lucha nuestra», afirmó, sumándose al reclamo de quienes consideran insuficientes los ingresos de millones de adultos mayores. Y lanzó una pregunta que quedó resonando en la sala: ¿qué gobiernos trabajan verdaderamente para el pueblo y cuáles se alejan de sus necesidades?
Todavía más severo fue el diagnóstico formulado por el gremialista y escritor Victorio Pirillo. Lejos de refugiarse en excusas, eligió la autocrítica.»Hemos fracasado», disparó. Y no se excluyó de las responsabilidades. Describió un Estado convertido en un campo de batalla permanente, cuestionó la falta de propuestas en la conducción sindical y denunció una dirigencia que, según su visión, se encuentra vaciada de contenido ideológico y demasiado concentrada en la disputa por cargos. «Si la dirigencia no se une y acompaña al pueblo para garantizar su bienestar, estamos perdidos», advirtió Pirillo-. Su llamado a respaldar las marchas de los jubilados fue uno de los puntos más aplaudidos de la tarde.
La mirada humanista llegó de la voz del humorista y actor Larry de Clay, quien destacó el trabajo solidario de numerosos intendentes y gobernadores en materia de discapacidad. Pero también dejó una de las frases más gráficas de la jornada. «Hoy no hay una grieta en la Argentina. Hay una rajadura.» Su reflexión trascendió el terreno partidario. Planteó que el problema de fondo es esencialmente humano y convocó a todos los argentinos a preguntarse no sólo cómo votan, sino qué país desean construir para las próximas generaciones. Y acaso allí apareció nuevamente el denominador común de toda la ceremonia.
Porque detrás del cantor que emocionó con un tango inmortal, del senador que habló de soberanía, del intendente que defendió a los jubilados, del sindicalista que pidió reflexión y del humorista que reclamó humanidad, emergió una inquietud compartida.La pregunta por el mañana. La pregunta por la Argentina que viene.
En tiempos de confrontación permanente, los Premios Comunas dejaron una imagen poco frecuente: hombres y mujeres de trayectorias, ideologías y pertenencias distintas coincidiendo en algo esencial. Que el destino de la Patria sigue siendo una tarea colectiva. Que ninguna bandera alcanza por sí sola. Y que, cuando el futuro está en juego, las diferencias pueden seguir existiendo, pero el compromiso con la Nación debería ser siempre el punto de encuentro.



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