La importancia del periodismo como sostén de la democracia
Por Dr. Edgardo Miller. – Hace pocos días Javier Milei dijo sin inmutarse “el 95% de los periodistas son corruptos”, agraviando -como en la mayoría de las veces- sin razón a los hombres de prensa.
El periodismo en la década del 90 fue tan creíble que muchos delincuentes se entregaban a la justicia en programas de televisión. Hubo dos asesinatos de periodistas que conmovieron al país, Mario Bonino en noviembre de 1993, y José Luis Cabezas enero de 1997. Los dos hechos ocurrieron durante el gobierno liberal de Carlos Menem. El periodista Hernán López Echague -del staff de Página 12- fue agredido el 25 de agosto de 1993, mientras hacía una investigación sobre las adicciones de una supuesta amante de Eduardi Duhalde.
El poder no soporta que la prensa lo investiga, no tiene reparo a la hora de atacar a los hombres de prensa. En 2025 hubo 278 agresiones a periodistas un 55% más que en 2024.
Paradojas que tiene la vida, mientras desde el Poder Ejecutivo se agrede a los periodistas, el Poder Judicial encontró en el trabajo de un periodista la punta para esclarecer cientos de delitos de lesa humanidad cometidos por el ex General Guillermo Suárez Mason.
Gustavo Sammartino, periodista y productor de radio y televisión, fue productor del legendario noticiero Nuevediario (Canal 9), actualmente se desempeña en Radio Mitre. A fines de los 90 por pedido de el desaparecido Néstor Ibarra se contacto con el temerario General de la dictadura Suárez Mason, fueron muchas entrevistas en 4 años que duro la relación.
El pasado viernes 10 el juez federal Daniel Rafecas ordenó allanar la casa del militar fallecido en 2005. Sammartino transformo las entrevistas con el General en el libro “Si lo contas te mato”, Rafecas cito al periodista quien prestó declaración testimonial durante 3 horas.
Sammartino estimó que había ido unas 27 veces a la casa en la que vivían Suárez Mason y su esposa, Noemí Angélica “Lita” Alais de Suárez Mason. Lita tiene 96 años y sigue viviendo en esa casa con su hija Gloria, que es psicóloga. Lita es, además, hermana de dos personajes vinculados a la represión: el comisario Félix Alejandro “Oso” Alais –que fue parte de la triple A– y el general Ernesto Arturo Alais –que nunca llegó a sofocar el alzamiento carapintada de 1987–.
Tanto en el libro como en la declaración, Sammartino precisó que le había preguntado a Suárez Mason si conservaba documentación sobre la represión. “No le puedo mostrar los documentos porque no los tengo acá en Argentina. Los documentos están bien guardados en Estados Unidos”, le habría dicho el jerarca.
Sin embargo, a las entrevistas Suárez Mason llegaba con manuscritos y algunos documentos que despertaron el interés del periodista entonces –y, después del juzgado–. Sammartino también relata en el libro que Suárez Mason admitió haber entregado a un bebé —que nació o pasó por los campos de concentración de la dictadura— a un cura amigo para que fuera criado por un hermano que no podía tener hijos.
El trabajo periodístico de Gustavo Sammartino permite el inicio de una nueva investigación sobre los archivos secretos de la dictadura. Más allá de la grave acusación de Milei a la prensa, los hechos -que están a la vista- demuestran lo contrario. No es la primera, ni la última vez que el periodismo será protagonista de hechos que hacen a la trágica historia reciente de nuestro país.
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